Ayer los rosarinos amanecimos con una sorpresa: se empezaron a repartir los pliegos para las quinientas nuevas chapas de taxis. A partir del próximo lunes se reciben las ofertas de quienes deseen adquirir una licencia. Así la Municipalidad comenzó el proceso formal de adjudicación de las chapas, que se calcula para marzo, mientras que se estima que los coches estarán en la calle en abril o mayo. Los particulares deberán abonar $ 20.000 por cada licencia. Por otra parte, las cámaras que reúnen a los titulares de los taxis están luchando por subir la tarifa, al igual que ocurrirá con el boleto del colectivo.
Si bien la noticia resulta ser un muy buen punto a favor de la gestión municipal, ya que responde a una necesidad concreta y urgente de la gente, porque tomar un taxi en la ciudad de Rosario se convirtió en una verdadera odisea. Los fines de semana los vehículos desaparecen. Las empresas de radio taxis no atienden el teléfono y las líneas están permanentemente ocupadas. En general, los taxistas no respeten las señales de transito y tratan en forma descortés al pasajero, incluso anticipan que no tienen cambio y es el viajero, quien tiene “el deber moral” de proporcionárselo. En muchas ocasiones, he presenciado como los peones de taxis, exaltados y creyéndose los dueños del volante, insultan a los otros conductores que circulan por la calle. Ahora bien, ¿además de otorgar quinientas nuevas chapas, no debería la Municipalidad enseñarles educación y buenas costumbres a los nuevos chóferes?

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